Macarena Ruiz (23) es una joven sanvicentina, aunque hace más de diez años vive en Posadas. El año pasado -en agosto- fue tras un sueño: recibió una beca para estudiar la carrera de Athletic Trainer (entrenador atleta) en Kansas, Estados Unidos, en el Colby Community College.

Sin embargo, la pandemia del Covid-19 que está invadiendo al mundo cambió sus planes y el fin de semana que pasó recibió la noticia de que debía volver a la Argentina y dejar sus estudios hasta nuevo aviso.
“Por primavera ellos tienen diez días de vacaciones, se llama spring break, así como tienen la semana de Acción de Gracias y demás, tienen muchas festividades. Con una amiga que es de Francia habíamos planeado para esos diez días irnos a California de vacaciones”, comenzó relatando en diálogo con El Territorio.
La semana anterior al viaje, su entrenadora les había preguntado si estaban seguras de irse y ellas respondieron que sí, porque ya tenían todo pago. Pero entonces no sabían lo que les esperaba. En ese momento solamente pensaron en tomar las precauciones necesarias y quedarse en Kansas no era una opción, aunque hoy asegura que sin saberlo estaban yendo “a la boca del lobo”, ya que California es uno de los estados con mayor cantidad de infectados.
“El primer día estuvimos re bien, lo disfrutamos mucho, pero el segundo al mediodía nos llamó nuestra entrenadora diciéndonos que empezaron a cerrar aeropuertos, que nos teníamos que ir cuanto antes, que las clases de mi universidad se habían cancelado al igual que las temporadas deportivas. Por suerte la nuestra ya había terminado en diciembre”, recordó.
Desde allí todo pasó en un abrir y cerrar de ojos. Al día siguiente las autoridades de la universidad comunicaron al alumnado que todos los estudiantes extranjeros debían volver a sus respectivos hogares.
“Esto fue el viernes, y yo el sábado a la mañana ya estaba volando para Argentina”, dijo.
Pero entonces se encontró con que tenía una pequeña valija apenas para unos días de vacaciones, así que preguntó si había posibilidades de volver a Kansas a buscar más ropa, a lo que le respondieron que no, que debía volver directo a su país.

Vuelta a la Argentina

 
“En un principio no me lo había tomado tan en serio y después ese mismo sábado a la mañana empezamos a ver a todas las personas con barbijo y guantes y nos empezamos a asustar. Después de que despaché mi valija, ahí recién en un kiosco conseguí un barbijo que me cobraron 10 dólares, pero era una urgencia”, explicó.
Entonces se comunicó con sus familiares y les explicó que no presentaba síntomas, pero que de todos modos tenía que permanecer en cuarentena al llegar a destino, a pesar de que no presenta síntomas.
“El domingo, apenas llegamos a Ezeiza, en el avión nos dieron una declaración jurada que teníamos que completar con nuestros datos, si teníamos síntomas y demás”, comentó.
Luego, al aterrizar, debieron entregar esa declaración. “Cuando salimos había una especie de pasarela armada con cámaras, que eran para tomarnos la temperatura, por eso nos dijeron que entre pasajero y pasajero teníamos que tener un metro de distancia”.
Sin embargo -para su sorpresa- después de eso no hubo nada más.
“Busqué mi valija y me quedé esperando que alguien me dijera algo, pero nadie se acercó, así que me tomé un Uber hasta Aeroparque, yo ahí seguía con el barbijo y tratando de mantenerme lejos de la gente”, detalló.
“Cuando llegué a Posadas le dije a mi mamá que no me busque y le pedí que me dejara un espacio para ir, así que ella ahora está viviendo con mi hermana y yo acá encerrada sola. Apenas me subí al taxi le advertí de dónde venía y le dije que desinfectara todo después de que yo me bajara”, continuó.
Hoy hace cuatro días que está en la ciudad, pero aislada completamente y sin ver a su familia.
Ante la pregunta de cómo se iba a arreglar con la comida, la joven respondió que “por suerte mi mamá antes de que yo llegara hizo compras y me dejó la heladera llena así que por el momento no necesito nada”.
Mientras tanto, comentó que se dedica a mirar series y películas y sigue en contacto con su amiga francesa, a quien sus padres aislaron en una casa de campo en su país.
Finalmente y en relación a sus estudios, explicó: “Este semestre está cancelado, vamos a terminarlo online, de todas maneras ya hacíamos todo a través de un programa porque nuestra temporada de vóley es de agosto a diciembre, así que ya habíamos terminado, pero hay muchos que perdieron el año”.
Ahora, al igual que gran parte del mundo, deberá esperar a que la situación epidemiológica mejore para poder volver a la universidad.

Antonella, una misionera varada en México

Antonella Olivera (20) es de San Javier, pero por las consecuencias de la expansión del virus Covid-19 se encuentra en estos momentos varada en el aeropuerto de Ciudad de México junto a otros 60 argentinos que aún no saben cómo van a volver. La joven -al igual que otros cinco compañeros- llegó a Estados Unidos en noviembre del año pasado por el programa Work and Travel y estuvo trabajando en un resort en Utah, donde además cumplió el sueño de practicar deportes de nieve. Pero la expansión del coronavirus precipitó los planes.

“Estaba en la montaña trabajando y el supervisor me dice ‘parece que va a cerrar el resort, así que seguramente se van a quedar sin trabajo y les recomiendo que vuelvan para Argentina’”. La situación de Antonella y los 60 argentinos en México no es la única, ya que hay varados en distintas partes del mundo. El diario Clarín informó que “según datos -no definitivos- de Cancillería, 23.000 argentinos o residentes solicitaron ser repatriados solo en sedes consulares de Estados Unidos y Europa”.

Fuente: El Territorio